Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas

lunes, abril 05, 2010

Opinión: "Un día de cólera"

Título: Un día de cólera
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Nº Páginas: 402
Portada

Tiempo que he tardado en leerlo: 3-4 semanas
Clasificación por edades: Mayores de 13.
Readability: conglomerado de acontecimientos más que novela al uso.
Originalidad: narración de un acontecimiento histórico.
La Frase: "Les recuerdo que toda la tropa está acuartelada con órdenes estrictas. Y sin munición, como saben. —Entonces, ¿cómo pretende que contengan al pueblo? ¿A bofetadas?».".
Volvería a leerlo: Quizás.
Valoración Final: 7/10

Comentario:
'Un día de cólera' es una de las muchas obras de Reverte que han pasado por mis manos; sin embargo, este libro no entra dentro de la categoría de novela al uso del autor (con una historia atrayente, una trama desconcertante y un desenlace más o menos acertado), sino que se trata de una investigación histórica sobre los acontecimientos acaecidos en Madrid el día 2 de mayo de 1808. El día en que, de forma inconsciente y completamente suicida, el pueblo de la capital se alzó en armas tanto contra el ejército francés invasor como contra sus propios gobernantes, incompetentes y transigentes. El levantamiento fue espontáneo y generalizado. La lucha desigual, sin cuartel. Las barbaridades innumerables. La represión brutal. La consecuencia, el levantamiento de una nación.

La obra no es ni ficción, ni libro de Historia, como bien dice su autor. Tampoco tiene un protagonista concreto, ya que fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. La Historia retuvo los nombres de buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las memorias escritas por actores principales o secundarios de la tragedia... Arturo Pérez-Reverte reúne todos estos datos en una historia colectiva, repleta de múltiples y oscuras historias particulares registradas en archivos y libros. El resultado es una obra que invita a meditar.

Personalmente es un libro que me ha hecho pasar por muchos estados de ánimo distintos. Por un lado, la tensión de los combates y el orgullo por aquellos que se alzaron. Navajas contra escopetas; hordas contra batallones; criados, empleados liberales, convictos, manolas, mujeres, ancianos y niños... contra caballería, artillería e infantería del mejor ejército que había en el mundo en aquel momento. Por otro, la incredulidad y vergüenza frente a la actitud de los dirigentes españoles, y la indignación por la brutal represión ordenada por Murat. Lo más duro de todo es saber que todo aquello ocurrió de verdad: en el parque de Monteleón, con Daoiz y Velarde, en la Puerta del Sol, con las cargas de caballería, en los muros de Príncipe Pío, con las ejecuciones sin juicio previo... una vez más el pueblo español demostró una nobleza y una valentía rayando la inconsciencia. Parafraseando una frase histórica relativa al Cid: "qué gran pueblo, si tuviera buen señor!".

Este libro me ha gustado mucho. La nota que le he puesto no es más elevada porque mi inclinicación natural hacia la Historia no me hace ser objetivo. Sinceremanete, creo que es una obra que merece ser leída por todos aquellos lectores con un mínimo de interés histórico, por los que quieran conocer más sobre uno de los acontecimientos más importantes ocurridos en España en los últimos siglos, o, simplemente, por aquellos que quieran comprobar cómo la voluntad de un pueblo difícilmente es doblegada por las armas (tema de completa actualidad hoy en día).

lunes, octubre 01, 2007

Origen de algunas medidas

Hace unos días, en la típica reunión cultural del trabajo (lo que viene a ser un café), Hairanakh y Ktulu nos estuvieron ilustrando sobre el origen de algunas unidades de medida 'tradicionales'. La conversación me picó la curiosidad, así que decidí investigar un poquito más en la web. Ahí va lo que he descubierto:

- La milla, una medida utilizada ya en la Antigua Roma. En los tiempos de César equivalía a mil pares de pasos caminados por un hombre (en latín: mille passus, plural: milia passuum). Como los pasos eran dobles, la milla romana era aproximadamente igual a 1467 m, y por lo tanto un paso simple era de unos 73 cm. A fines del siglo XVI, la reina inblesa Bess, agregó 280 pies a esta medida para que la milla fuera exactamente ocho "furrow-longs" o furlongs (200 mts).

- El brazo o 'cúbito'. En textos egipcios en papiro, aparece el termino antebrazo, símbolo del cúbito. Este antiguo registro de forma de medir, se basaba en la longitud del brazo desde el codo hasta la punta del dedo medio (aprox. 45.72 cms). La gran pirámide de Keops, fue construida en base a cúbitos. De acuerdo al Génesis, el arca de Noé tenia 330 cúbitos de eslora. La leyenda también cuenta que el rey egipcio Menes, decretó un cúbito "Real" o "Sagrado", 14% mas largo que el cúbito común. Esta medida sobredimensionada fue utilizada para construir su propio palacio, pero estaba prohibida para otros.

- La yarda. Su origen no se conoce con seguridad, aunque puede que no sea una coincidencia su equivalencia con un doble cúbito. El rey Enrique I estableció su medida como la distancia de su "nariz real" hasta la punta de sus dedos de la mano.

- La pulgada. En el siglo X se estableció la pulgada como la distancia que había entre el nudillo y el dedo pulgar del rey Edgardo. Vamos, la longitud de su pulgar.

- El pie. Decretado por Carlomagno como la longitud de su propio pie, más menos 32,26 cm. Sin embargo, los libros estatutarios ingleses del año 1305 normalizaron el pie como 36 granos de cebada colocados uno detrás de otro. Otra definición de pie viene de la regulación alemana del siglo XVI: "Colóquese en la puerta de una iglesia un domingo, ordene a 16 hombres que se detengan, altos y bajos a medida que vayan saliendo de la ceremonia, haga que coloquen su pie izquierdo uno detrás del otro y la longitud obtenida, debe ser una correcta y legal 'vara', y el número 16, debe ser un correcto y legal pie".

- La braza. Usada por los marinos, era igual a la distancia entre la punta de los dedos de la mano de un vikingo con los brazos extendidos hacia los lados. Equivale a 6 pies.

- El acre. Es la cantidad de terreno arado por una yunta de bueyes en un día.


Mientras estaba buscando el origen de estas medidas, me surgió una elucubración más: ¿por qué un sistema métrico decimal como el nuestro divide la circunferencia en 360 grados? Una medida curiosa, 360. La respuesta:

- Grados: los egipcios sabían que el Sol tardaba aproximadamente 360 días, un año (12 meses de 30 días), en recorrer el fondo de estrellas. Por lo tanto, representando el cielo como un fondo de estrellas circular, cada grado se representaba como la distancia recorrida por el Sol contra el fondo de estrellas en un día. No obstante, los egipcios eran conscientes de que un año duraba 365 días y no 360, lo que ocurre es que los restantes 5 días los declaraban como días inexistentes, dedicados a sacrificios y festejos.

martes, enero 16, 2007

Termópilas

Hace unas semanas, vagabundeando por la página de yonkis, me topé con un trailer de una película que me impactó sobremanera y que relata uno de los episodios épicos más fascinantes (y a mi entender, grandiosos) de la Historia. La película se titula 300 (os aconsejo que veáis los trailers) y el episodio que relata es la famosa batalla de las Termópilas. Con permiso de Morgan, ahora narraré lo que allí ocurrió.

(AVISO: es posible que esta entrada 'spoilee' la película).

Las guerras greco-persas, persas o Guerras Médicas (nombre tradicional heleno, pues los griegos llamaron "medos" a persas y medos) tuvieron lugar, principalmente, entre los años 492 y 449 a. C. Sus fases más agudas duraron once años y fueron las dos invasiones persas de los años 490, desbaratada por los griegos en Maratón, y 479. En este último año, Jerjes, sucesor de Darío, decidió conquistar Europa, empezando por Grecia, para lo que formó un enorme ejército que contaba con 250.000 soldados (algunos historiadores afirman que llegaban hasta 1.000.000 de hombres).

La magnitud de la amenaza era tal que los Estados helenos decidieron crear una liga defensiva. A través de ella, se fijó una primera línea de resistencia en el desfiladero de las Termópilas (debe su nombre a la existencia de unos manantiales de agua caliente), que con su estrecho paso reducía la ventaja numérica del ejército invasor, al mando del espartano Leónidas; en tanto que la escuadra naval aliada se estableció en el extremo de la isla de Eubea, junto a un santuario dedicado a Artemisa, dirigida por el ateniense Temístocles.

Jerjes avanzó por el norte de Grecia sin encontrar resistencia a sus tropas, rindiéndose los habitantes a su paso con tierra y agua en señal de sumisión terrestre y marítima. Pero al llegar a Termópilas, Jerjes se encontró frente a un ejército de 7.000 hombres llegados de casi toda Grecia, entre los que destacaba lo mejor del ejército espartano: los 300 Iguales. Éstos, debido a lo suicida de la empresa, eran hombres que habían sido elegidos por ser los únicos dentro de su rango que tenían descendientes varones y que, por tanto, habían concluido ya con su misión en esta vida.

Así pues, los persas acamparon en las proximidades del desfiladero y Leónidas fue advertido sobre el gran número de arqueros que poseía Jerjes, avisándole que cuando disparaban, "sus flechas cubrían el sol" y "volvían noche el día". A ello respondió Dienekes, soldado espartano, con su famosa frase: "Tanto mejor, lucharemos a la sombra".

Jerjes estaba convencido de que los griegos se rendirían al observar la magnitud de sus tropas. Sin embargo, después de tres días de espera, el rey persa envió un heraldo, que habló a Leónidas de la fuerza del ejército persa, le informó de que al día siguiente comenzaría el ataque, y por último le invitó a rendirse diciéndole que el Gran Rey, en su generosidad, les perdonaría la vida si entregaban sus armas. "¿Qué respuesta debo llevar al Rey?" preguntó el heraldo. Leónidas respondió: "ven a cogerlas".

Al día siguiente los persas comenzaron a avanzar y penetraron en el desfiladero. Mientras, los espartanos, quietos y formando en falanges, les esperaban entonando el peán (himno en honor al dios Apolo). Con gran griterío los persas se lanzaron a la carga. Cuando ya estaban muy cerca, la falange espartana se puso en marcha. El choque fue terrible, los persas se lanzaban a cientos sobre la muralla humana formada por los espartanos, en cuyas lanzas se ensartaban. Sentado en su trono Jerjes se revolvía ante lo que estaba presenciando, los espartanos estaban literalmente masacrando a sus tropas.

Frustrado e impaciente, Jerjes envió al frente a sus diez mil Inmortales, su fuerza de élite, llamados así porque cada vez que un Inmortal caía, otro corría a reemplazarlo. Sin embargo, los resultados fueron los mismos. Los persas morían a cientos, la moral del ejército decaía y los griegos no mostraban signos de cansancio. Durante las noches, Leónidas solía decirles a sus hombres: "Jerjes tiene muchos hombres, pero ningún soldado". La batalla continuó de esta forma durante tres días.

Fue entonces cuando Jerjes, abatido, recibió la ayuda que necesitaba. Un traidor griego llamado Efialtes ofreció mostrarle a Jerjes, a cambio de una cuantiosa recompensa, un paso alternativo que rodeaba el lugar donde estaba Leónidas . Sin dudarlo, Jerjes envió un importante número de sus fuerzas por ese paso con el fin de acabar con la resistencia griega de una vez por todas. Este paso se encontraba defendido por los focenses, pero al verse sorprendidos durante la noche por los persas, huyeron al primer contacto, sellando de esta manera la suerte de los defensores de las Termópilas.

Cuadro
Leónidas en las Termópilas de Jean-Louis David

Cuando Leónidas detectó la maniobra del enemigo y se dió cuenta de que estarían rodeados, reunió un consejo de guerra, donde ofreció a los griegos dos opciones: podían irse por mar a Atenas o permanecer en las Termópilas hasta el final. La mayor parte de la fuerza griega decidió retirarse hacia Atenas, pero los 300 soldados de la guardia de Leónidas, los tespieos y algunos tebanos se quedaron a presentar batalla. Al despuntar el alba del cuarto día, Leónidas dijo a sus hombres: "Tomad un buen desayuno, puesto que hoy no habrá cena". Los persas atacaron por los dos frentes. La suerte estaba echada, no había escapatoria. Los espartanos se defendieron con ímpetu y Jerjes tuvo que abatirlos desde lejos con sus arqueros para no seguir perdiendo hombres. Finalmente Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que éste no cayera en manos enemigas.

La batalla había durado cinco días y los persas habían conseguido derrotar a los temidos espartanos. Sin embargo éstos ya habían retrasado notablemente el avance persa, diezmado la moral de su ejército y matado a miles de soldados. El resto de la guerra es conocido: la flota griega derrotó a la persa en Salamina y, poco después, los griegos derrotaban a los persas en Platea. Grecia había vencido. En memoria de los valientes se colocó una lápida en el lugar donde cayeron los últimos espartanos. En ella puede leerse: "Oh, extranjero, informa a Esparta que aquí yacemos todavía obedientes a sus órdenes".

pd: Si alguna vez tenéis la oportunidad, ya sea en un aeropuerto o en la Grand Place de Bruselas, no dejéis de probar los fantásticos bombones Leónidas. Merecen la pena.

martes, noviembre 14, 2006

Maratón

Aprovechando que entre Ktulu y David me han convencido para que este año me apunte a correr la San Silvestre de 'sólo' 10km de recorrido (tengo dorsal y todo! - el 070708), voy a dedicarle esta entrada a otra de mis historias favoritas dentro de la Historia: la batalla de Maratón.

Siendo el rey persa Darío I gobernador de las colonias helenas en Asia Menor, el tirano de Mileto, Aristágolas, encabezó una revuelta para la que solicitó ayuda de las polis griegas. Por desgracia, en respuesta a su llamada tan sólo acudieron las ciudades de Atenas y de Eretria, en la isla de Eubea. Aún así, el ejército sublevado consiguió algunas victorias importantes, como en Sardes, pero finalmente fue destruido en Éfeso, y su flota derrotada en la batalla naval de Lade. Tras estas victorias, los persas reconquistaron una a una todas las ciudades sublevadas y, después de un largo asedio, consiguieron arrasar Mileto. La mayor parte de la población de la ciudad murió durante el combate, y los pocos supervivientes fueron esclavizados y deportados a Mesopotamia.

Sin embargo, Darío I, no contento con esta victoria, decidió formar un nuevo ejército con la única finalidad de castigar a las ciudades de Atenas y Eretria por su apoyo a la sublevación jonia. Para ello, en el 490 a.C. armó una flota en la costa sur de Asia Menor en la que embarcó unos 25.000 hombres. De ellos 10.000 eran soldados de caballería, el principal arma persa, y el resto eran de infantería ligera, compuesta mayoritariamente por arqueros. Este ejército lo mandaba Artafernes, sobrino de Darío, y como segundo estaba el noble Datis, al mando de la caballería. Además, el ejército persa también contaba en sus filas con un traidor griego, Hipías, anterior tirano de Atenas, desterrado no hacía muchos años, y que deseaba recuperar el trono de la ciudad que lo había rechazado.

La flota persa desembarcó en la isla de Eubea y tomó Eretria después de 7 días de sitio.
Darío I Milciades
Bajorrelieve de Darío I Busto de Milcíades
Tras este éxito, los persas desembarcaron en la costa oriental del Ática, en la llanura de Maratón, lugar recomendado por Hipías para ofrecer batalla, por considerarla el mejor lugar para que actuara la caballería persa. El político ateniense Milcíades, avisado del desembarco, incitó a sus conciudadanos a enfrentarse al ejército persa invasor. Además, mientras organizaba sus propias tropas, Milcíades envió al corredor Filípides a Esparta para solicitar ayuda, recorriendo éste en un día a caballo los 220 kilómetros que separan ambas ciudades. Los espartanos prometieron enviar tropas, pero argumentaron que por razones religiosas, ya que se encontraban en el noveno día del mes lunar, no podrían hacerlo sino hasta seis días después, en el plenilunio. Milcíades no podía esperar tanto tiempo, y decidió enfrentarse a los persas con los efectivos con los que contaba en su ciudad más los 600 combatientes llegados procedentes de Platea, en total unos 10.000 hoplitas.

Así los ejércitos persa y ateniense se encontraron en las llanuras próximas a Maratón y durante ocho largos días se observaron sin entablar batalla. Los atenienses no tenían prisa por atacar, esperando la llegada de los refuerzos espartanos y ,además, carecían de caballería por lo que temían ser tomados por los flancos o por la retaguardia. Por su parte los persas tampoco propiciaron la batalla, esperando que los partidarios de Hipías, al conocer la proximidad de su líder, les rindieran Atenas desprotegida ahora como estaba de sus principales huestes.

Pasaron los días y nada sucedía. De modo que los generales persas decidieron pasar a la acción, tomando una decisión equivocada: dividir su ejército. Datis, con la caballería, embarcó sigilosamente de noche, esperando dirigirse a Atenas, sitiarla y que las puertas de la ciudad se le abrieran. Si no tenían suerte, todavía podían regresar al campo de batalla y atacar a los griegos por la espalda. Los persas sabían que con la división corrían un riesgo, y por eso decidieron embarcar de noche, procurando que la maniobra pasara desapercibida por el campamento griego que se encontraba situado al otro lado de la colina y desde el que no se dominaba la playa.

Pero si los persas contaban con la colaboración del traidor Hipías, los atenienses también contaron con ayuda de desertores. Varios soldados dorios, que militaban en el ejército persa, al conocer el embarque de la caballería, abandonaron las tropas del Gran Rey, y se pasaron al bando heleno describiendo apresuradamente a sus estrategas la maniobra de los persas para sitiar y tomar Atenas. Antes estas noticias, los generales atenienses, con Milcíades a la cabeza, decidieron atacar a la infantería persa de inmediato, ya que, si lograban una victoria rápida, todavía tenían teimpo de regresar a Atenas antes de la llegada de los persas y prepararla para el sitio.

Así por fin comenzó la batalla.

La formación de ataque de los griegos era débil por el centro, zona dirigida por Temístocles y Arítides, pero muy reforzada por los flancos, dirigidos por Calímaco en la derecha y por el general de Platea en la izquierda. Así los griegos cargaron contra los persas (comandados por Artafernes), quienes respondieron con una lluvia de flechas. Los atacantes eludieron esta amenaza al precipitarse contra el enemigo a la carrera, consiguiendo así forzar la disposición de los persas en cerradas formaciones . Esta acción resultó determinante, pues los persas no podían hacer mucho contra las largas lanzas de las fuerzas hoplitas, preparadas para un combate cuerpo a cuerpo: sus arcos no les servían a tan corta distancia, y las espadas, puñales y espadas cortas no podían hacer gran daño a los griegos protegidos con coraza. Los persas ofrecieron, sin embargo, una gran resistencia, consiguiendo romper en un momento el cerco griego. Sin embargo, los flancos helenos lograron reagruparse, realizando una maniobra envolvente sobre las tropas persas que se vieron rodeadas y con el mar a su espalda. Según los historiadoes de la época, las bajas persas ascendieron a 6.000, mientras que tan sólo 192 griegos fueron muertos.

Pero aún quedaba por avisar Atenas. La ciudad iba a ser sitiada por la caballería persa y corría el peligro de que los seguidores de Hipías la rindieran haciendo inútil la victoria de Maratón. Por este motivo Filípides recibió la orden de Milcíades de recorrer los 48 kilómetros que separaban Maratón de Atenas y anunciar la victoria griega. Según la leyenda, Filípides corrió velozmente, alcanzó la ciudad exhausto y con su último aliento pronunció las siguientes palabras: "¡Alegraos, atenienses, hemos vencido!". A continuación se derrumbó por el esfuerzo y murió.

En honor de Filípides la prueba de Maratón de 48 Km de longitud se corrió por primera vez en los Juegos Olímpicos de Atenas del año 1896. El ganador fue un pastor griego, para delirio de sus compatriotas.
Hasta las Olimpíadas del año 1908 no se estableció la longitud de la prueba en los actuales 42,195 Km actuales.

viernes, octubre 06, 2006

Ni quito, ni pongo

Pedro I, sexto rey de Castilla y de León, llamado por unos 'el Cruel' y por otros 'el Justiciero', hijo de Alfonso XI y doña María de Portugal, nació en Burgos en 1334 y murió en Montiel en 1369. Reconocido sin dificultad a la muerte de su padre como Rey de Castilla y León y coronado en Sevilla en el año 1350, pronto tuvo que hacer frente a las continuas rebeliones que reclamaban el trono para alguno de sus varios hermanos bastardos. Uno a uno fue derrotando y asesinando sin piedad a los que se sublevaron contra él y así fue como sus hermanos don Tello y Fadrique, junto a otros muchos caballeros castellanos que fueron acusados de traición hacia la Corona, encontraron la muerte.

Sin embargo, su hermanastro Enrique, conde de Trastámara y conocido como 'el Bastardo', consiguió reunir en su bando a la mayoría de la nobleza castellana y enfrentarse a las tropas de Pedro I. Este último buscó y consiguió el apoyo de Eduardo de Gales, 'el Príncipe Negro', rey de Inglaterra con cuyas tropas logró derrotar al ejército de su hermano en la batalla de Nájera.

Batalla de Nájera
Batalla de Nájera (Anónimo)

No obstante, la guerra civil cambió de rumbo a causa de dos motivos fundamentales: en primer lugar, las tropas inglesas abandonaron al rey a causa del impago de las cantidades de oro prometidas; y, en segundo lugar, Enrique de Trastámara consiguió firmar una alianza con el monarca francés Carlos V mediante el Tratado de Toledo.

En esta nueva situación, Pedro I se vió forzado a encerrarse en la fortaleza de Montiel, siendo sitiado en ella por su hermano. Viéndose perdido, el rey negoció su huida con el mercenario francés Du Guesclín. En la noche acordada, el francés condujo al camuflado monarca a través del campamento enemigo hasta una tienda en la que Pedro se encontró frente a frente con su bien pertrechado hermano Enrique. Ambos hermanos comenzaron a luchar y, según la leyenda, ambos cayeron al suelo abrazados, quedando Pedro encima de su hermano y a punto de matarle; pero Du Guesclín, pronunciando las célebres palabras 'ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor', agarró del pie a Pedro y le puso en desventaja. Esta situación fue aprovechada por Enrique para asestarle repetidas puñaladas al rey, provocándole la muerte.

Una vez asesinado, Pedro fue decapitado, sus tropas se rindieron, su cabeza fue expuesta en las almenas del castillo y Enrique fue coronado rey, dando origen a la dinastía de los Trastámara.

pd: en Rascafría existe una casa rural 'El Caserón Trastamara' que recomiendo a todos aquellos que quieran disfrutar de un bonito fin de semana en plena sierra madrileña.